Aguas del Río Lozoya

Valle de Lozoya
Caminábamos por un paseo de artes en las calles de Madrid, cuando una foto indescriptible captó nuestra atención. Sus colores, sus formas, su estado… Era impensado que aquello sólo pudiera ser agua conservada. Su autor fue cordial y nos señaló que la imagen era del Valle de Lozoya.
A la mañana siguiente luego de averiguar recorridos y formas, en apenas una hora desde Madrid por carretera, estábamos llegando a Lozoya. Sin saber cuáles eran nuestras posibilidades de captar la misma imagen que la foto en nuestras retinas, anduvimos hasta conseguir saber que aquello era el Embalse de Pinilla, construido luego de una gran sequía en Madrid para aprovechar las aguas del Río Lozoya. Fue así que descubrimos que a pocos kilómetros de la capital, se encuentra su punto abastecedor de agua.
Allí conocimos unos turistas franceses que habían llegado hasta el Valle en busca de un poco de aventura, pero también de tranquilidad y encuentro con lo natural. Decidimos entonces que valían unos días de descanso en el Valle. Nos dirigimos sin más hasta uno de los miradores naturales del Valle. El sol todavía encendía las calles y los árboles se vestían de dorado bajo sus rayos. El silencio se colaba entre nuestras miradas y uno podía quedarse sin hacer nada más que deleitar los ojos del alma. Sólo el sonido del agua del embalse, llegaba desde lo lejos y se unía al viento en una sinfonía imperdible.
Cuando comenzaron a esconderse los primeros rayos, retomamos nuestro camino hacia el casco urbano, para disfrutar un poco más del Valle, ubicado a más de 1100 metros sobre el nivel del mar. Una vez allí nos sorprendió en nuestro recorrido el antiguo convento. Emplazado a lo largo y ancho de toda una manzana, data del siglo XVI y según señalan sus papeles ha sido construido por los que en un momento fueron los señores de Sevilla Suárez de la Concha. Su forma irregular y su huerta caracterizan esta construcción.
Las callecitas de Lozoya parecen sacadas de un cuento y sus más de 600 habitantes transcurren sus días entre las laderas del Valle y la ganadería. Sus verdes, sus construcciones antiguas, sus costumbres, hacen de esta zona un sitio de interés para todos los que estén buscando un espacio de descanso entre los restos de la tradicional arquitectura serrana. Un susurro se hace eco de nuestras palabras y nos cuentan que es el agua que proviene de la fuente de los cuatro caños, que actualmente vierte de sus bocas agua que viene de los manantiales de la sierra. Una dama se acerca con un jarro y se refresca los labios con aquel líquido fresco y natural.
Cuando cae la noche, el Pajar de Fuente Hernando nos recibe entre sus paredes rústicas y su olor característico. Nos cuentan que su construcción es un verdadero pajar del siglo XIX. La temperatura ha descendido bastante y es una buena oportunidad para probar el plato del día: Cocido Madrileño, preparado en puchero de barro. Los aromas se mezclan en el interior de la sala y en el interior de nuestro plato que nos recrea a las antiguas tradiciones ganaderas que fundaron este Valle.



