Un día de paseo por Madrid

Escrito por Max el 07/10/2009 08:34
Palacio de San Lorenzo del Escorial

Palacio de San Lorenzo del Escorial

Después de dos semanas en Madrid y de muchísima aventura decidí comenzar a organizar nuevos rumbos, como por mi trabajo sólo tenía un día o a lo sumo dos, me propuse arrancar mi cobertura del mapa español, por los alrededores de Madrid.
Fue así que mientras buscaba, me encontré con que a media hora de Madrid por carretera está El Escorial, donde se encuentra el Palacio de San Lorenzo del Escorial, Patrimonio de la Humanidad. Fue así que me fui hasta la Estación Ferrocarril Atocha y me tomé la RENFE C8A (también se puede viajar en los colectivos que salen desde el Intercambiador de Moncloa)
La llegada
No me costó para nada conseguir una buena habitación de Hotel a precio razonable. Hay importantes ofertas en toda época del año. Supuse que aunque estaba tan cerca de Madrid, por las dudas –y bien hice- iba a reservar una pieza para salir temprano al otro día luego del desayuno.
Recorrer este Municipio fue un placer que no dejo de recomendar… sus calles, su gente, su asombrosa limpieza… son sin dudas uno de los secretos mejor guardados a metros de la capital. Encallado en las laderas meridionales del Monte Abantos, lo que le da sin dudas una imagen de paisaje incomparable, pero que a la vez ha ido condicionando su crecimiento.

La principal obra que da nombre al lugar, es el Monasterio. Su fachada, su magnitud y su conservación hacen de esta obra algo maravillosamente único e irrepetible. Uno puedo pasarse horas observando sus entradas, sus salidas, sus secretos sin por ello poder recorrer todos los recovecos que de alguna manera conforman la integridad de uno de los principales monumentos renacentistas de España con una superficie de 33.327m2.

Para poder reconocer sus misterios completos, es necesario recorrer los 16 patios con jardines que se van sucediendo a lo largo de los 13 oratorios y los 15 claustros, como curiosidad para poder comprender sus dimensiones alcanza con decir que tiene más de 2500 ventanas.

Al salir de aquella inmensidad y antes de que caiga la tarde, me hago una escapada hasta la famosa Silla de Felipe II, donde de año a año y de centuria en centuria, la leyenda ha ido descifrando que se trata de un canchal de granito en el medio del espacio natural protegido del Paraje Pintoresco ubicado en el  Pinar de Abantos, a unos 2,5 km al sur del centro, donde se sentaba el monarca para ver el avance de las obras del Monasterio, otras historias dicen que pudo haberse tratado de un altar de ofrendas. Sin pensarlo me voy hasta allá. Por un momento me voy de viaje hacia el pasado, hacia la nada, y me detengo junto a Felipe a ver su magnífica obra, lo miro y cuando voy a felicitarlo, desaparece de mi vista y me encuentro con un paisaje inimaginable.

De regreso al Hotel, me quedo pensando en cómo es posible que la historia nos siga regalando tanto, como el legado de las generaciones nos permita conocer, y disfrutar de verdaderas obras de arte.

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