Plaza de toros y olé!

Escrito por Max el 30/09/2009 08:34
Plaza de Toros Madrid

Plaza de Toros Madrid

Ahhh qué maravilla… pero que rato recuerdo me traen las fotos de aquella Plaza de Toros las Ventas que ha quedado grabado en mi memoria. No sé porqué pero desde que supe que iba a Madrid sabía que quería conocer la Plaza de Toros,  obvio disfrutar de una corrida como esas que se ven en las películas.

Creo que fue la influencia de una amiga española la que me convenció de que no podía entender la cultura madrileña si no salía de tapas por los bares y no veía una corrida de toros, estaba lejos de entender lo que pasaba por el alma de sus habitantes. No me iba a poner en exquisita sobre todos si las recomendaciones tenían un tinte gastronómico, con lo cual la primera noche salí de tapas (y la segunda, y la tercera, la cuarta descansé y creo que volví al ruedo la sexta noche en Madrid, qué decir…para recomendar es poco).

Pero bueno volviendo a la cuestión de los cuernos, de los toros, obvio, había algo que no me terminaba de convencer y era eso de tener que ver sangre, de pagar para hacerlo sobre todas las cosas y encima tener que decir que era un buen espectáculo. Me resistí todo lo que pude, hasta que la insistencia de si lo había conocido fue tal que no pude sostenerla más.

Llegó el día. La noche anterior antes de acostarme miré el cielo, pensaba que si llovía chau! Se suspendía y bue… había que seguir con el programa, no podía reacomodar días y horarios…  por un toro… pero no… solo había estrellas a la vista, y el sol del día siguiente era más que convincente que no había chance. Me puse algo cómodo, tenía que sentarme a ver un show acompañada por 25.000 personas que son las que entran en las instalaciones, supuse que no habría tantas, y me equivoque, no cabía un alfiler más. Había sacado mi ticket a la sombra, (hay dos tipos de localidad, al sol o a la sombra); me salió un poco más cara, pero en fin….  no es recomendable quedar chamuscado en pleno viaje.

El domingo se mostró complaciente durante el día y a las 5 de la tarde arranqué los preparativos, tomé un taxi – tenía miedo de perderme en el metro, pero es una buena opción para llegar hasta la plaza situada en el este de la ciudad-  y salí. La fiesta como le llaman comienza entre las 6 y la 7 y duran alrededor de dos horas.

Cuando llegué comprendí porque era tan importante. Estaba en la Plaza de toros más grandes de todo el mundo y su gente, el fervor, la pasión y el espectáculo vivido me terminaron de confirmar que a la bravura de los toros se la antepone una tradición y una performance que no pueden olvidarse. Olé!