Miraflores de la Sierra

Miraflores de la Sierra
Estamos en Madrid y nos disponemos a visitar Miraflores de la Sierra, un pintoresco pueblo a pocos kilómetros de la capital. El punto de encuentro es la Plaza de Castilla. Desde allí terminamos de cargar nuestro coche y partimos hacia el Norte por la carretera de Colmenar Viejo M-607. Si bien este recorrido tiene más curvas que la Autovía A-1, el paseo se hace más pintoresco en cada kilómetro pasando por las poblaciones de Tres Cantos y Colmenar Viejo, verdaderos poblados de ensueños. Al pasar esta última localidad, deberá tomar la salida hacia Soto del Real, e inmediatamente a la derecha a la llegada a Miraflores de la Sierra, se encontrará con una rotonda para incorporarse a la M-609. Si usted está pensando en hacer el tramo en micro desde Madrid, el 725 será la opción a elegir.
A tan sólo 49 km de Madrid usted se encontrará con un paisaje natural que lo invitará en toda época del año. Miraflores convoca por sus especiales actividades pero mucho más porque al llegar los primeros días de febrero el pueblo se embellece con la Fiesta de San Blas, una pintoresca y esperada celebración que año a año convoca a miles y miles de viajeros.
La noche del 2 de febrero, todo está listo para la llegada de las celebraciones. La noche da paso con una encerrada de perreros cuando baja el sol, y dura hasta pasada la medianoche. La mañana del 3, la fiesta ya inundó las calles de Miraflores. Los trajes típicos, las costumbres, los motivos, reviven en cada poblador y desde la mañana temprano, todos comienzan a llegar, y marchan hacia San Blas; lo que antes se hacía todo a pie, ahora algunos optan por su salida en coche, aunque todavía se pueden ver peregrinos al costado del camino recreando la tradición por los hermosos paisajes desde un punto hasta otro.
Ya en San Blas, la fiesta tiene más de una celebración: carreras, juegos son parte de las actividades que avivan la tradición, hasta llegado el mediodía. Cuando el sol se posa sobre las cabezas de los peregrinos que llevan horas esperando, y festejando, se da lugar a la Misa, y comienzan a presentarse los platos típicos esperados: patatas con bacalao. Un plato tan tradicional como sabroso, que sin dudas guarda un toque especial en las tierras de San Blas.
A paso lento, y habiendo concluido ya el almuerzo, se comienza el regreso hasta la Plaza de Toros, donde cientos y cientos, disfrutan de la suelta de vaquillas. Más tarde, se realiza una conmemoración a la muerta de la vaquilla y se representa su sangre con limonada que todos beben mientras siguen disfrutando de la fiesta. La música y los instrumentos de percusión, comienzan a darle sonido musical a la tarde, y la gente poco a poco, retoma el sendero hacia sus hogares. Los más estruendosos, continúan la fiesta hasta poco antes que la noche se cierre.
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